Seguro que has escuchado hablar mucho de psicomotricidad infantil, pero,
¿Qué se hace en la sala de psicomotricidad?
¿Hay varias maneras de hacer un trabajo de psicomotricidad diferentes?
¿Qué consiguen los niños y niñas en la sala de psicomotricidad?
Estas preguntas y muchas otras son las que suelo resolver a las familias a la hora de plantear esta práctica, aun desconocida a nivel popular aunque cada vez más conocida entre educadores y terapeutas.

¿Qué se hace en la sala de psicomotricidad infantil?.
La magia de la sala:
1, 2 y 3 a jugar!. Cada día en la sala de psicomotricidad l@s niñ@s se encuentran con un material y un espacio pensado y cuidado especialmente para ell@s.
Este material está adaptado a su etapa madurativa y con la presencia de un profesional consciente, responsable y bien formado como es la figura del psicomotricista, que acompaña lo que est@s peques estén dispuestos a entregar, crear, compartir y expresar.
Esta práctica basa su valor en la relación de calidad que se establece entre la psicomotricista y l@s niñ@s, favoreciendo que fluya de manera natural el mundo interior de cada peque.
Por ello, cuando me encuentro en la sala, la seguridad que me proporciona la estructura de la práctica y la seguridad que aporta a l@s niñ@s que están en ella, hace que su mundo se exprese y yo pueda estar inmersa en él.
María salta, Pablo se sube a lo más alto y grita, Ramón se esconde esperando que le encuentren, Candela hoy está observando y no participa del juego común. Cada una de estas formas de estar en la sala e interactuar con el medio (material, compañeros, psicomotricista) es una información riquísima y auténtica que nos ofrecen sus cuerpos y maneras de hacer para poder comprenderlos.
Bernard Aucouturier nos habla de la importancia de la comprensión profunda de su expresividad motriz para comprender la globalidad del niñ@; cómo se encuentra a nivel cognitivo, a nivel físico y a nivel emocional.

Formas diferentes de trabajar con la psicomotricidad infantil:
Psicomotricidad dirigida vs psicomotricidad vivencial:
En la psicomotricidad dirigida los ejercicios suelen estar planificados y estructurados para cubrir una etapa de desarrollo determinada. Es decir, el adulto dice a cada niño qué se supone que tiene que llegar a hacer por la etapa evolutiva en la que se encuentra y lo que se pide en el curriculum escolar, siendo posible una sospecha de problema de desarrollo, comportamiento o de relación si no se llegan a cumplir esos objetivos prediseñados.
En la psicomotricidad vivencial l@s niñ@s juegan libremente y se expresan sin juicio y en esa libre expresión tienen un único límite muy claro de respeto hacia sí mismos y hacia los demás. La persona adulta acompaña toda esta expresión del cuerpo, del juego, de la emoción, de la palabra, de la interacción, confiando y permitiendo esa comunicación auténtica.
Todo tiene un sentido en sala de Psicomotricidad. Cada sesión tiene una estructura dentro de la cual se produce la libre expresión. De esta manera se proporciona a l@s niñ@s una “envoltura estructurante”, es decir, un espacio donde se ofrece protección por medio de la seguridad y el amor y por medio de los límites de protección.

Lo que consiguen niños y niñas en la sala de Psicomotricidad:
Maduración psicológica: “del placer de actuar al placer de pensar”
Al entender al niñ@ como una globalidad. La evolución de la expresividad motriz lleva a la evolución de la maduración cognitiva y emocional. Al experimentar con su propio cuerpo, favorece la construcción de su identidad (¿quién soy yo?).
Dependiendo de la edad y momento evolutivo del niño (entre 1 y 7 años), veremos las diferencias en el tipo de juego y cómo se va dando su evolución con distintas herramientas que nos indican su maduración.
En la sala hay expresividad física y emocional. Se favorece que se abran los procesos que llevan a la comunicación, a la expresión, a la simbolización y a la descentración de su propia emoción.
La expresión de los propios malestares lleva a un estado de mayor calma, lo que favorece la concentración y la predisposición al aprendizaje de su entorno.
Los niños encuentran en la sala un espacio de escucha, atención, respeto y aceptación incondicional donde pueden expresarse de forma libre a través de todas las vías posibles. Adquieren así mayor confianza, seguridad y por lo tanto autoestima.
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